Quiero pedir disculpas de antemano por las palabras soeces que utilizaré en este post. No albergo el mas mínimo ánimo de ofender. Pero me parece que la historia perdería la sazón, el gusto, si se las quitara.
El año pasado busqué consejo en distintas partes. Una de estas partes fue mi amigo de la infancia Luis (a quien le he cambiado el nombre para proteger a los inocentes, no vaya a ser que su marinovia esté leyendo esta columna). Me lo encontré por casualidad mientras visitaba Walgreens en una de esas visitas trimestrales que aseguran que me muera unos cuantos años más tarde por virtud de la retrajila de pastillas que me tengo que tomar. Pues me encontré allí a Luis, esperando por medicinas también. Estaba Luis sentado, más bien sumido, entre doñas con rolos. Me desahogué con Luis, aunque confieso que no le conté todos mis problemas, omití detalles demasiado personales. Las doñas rolonas tenían cara de chismosas expertas, y uno nunca sabe cuan lejos puede llegar un chisme.
La cuestión es que en un momento dado Luis me dijo:
"Mira pana... Hay cuatro cosas que si tu mujer no las hace: tarde o temprano tu la vas a dejar"...
Yo hice mutis, semi sonriendo. A ver a donde llegaba, es que parecía que su teoría de las "cuatro cosas" llevaba ya un tiempito con el. Y yo no era el primero a quien le había dado ese speech.
"Numero uno, pana, que te haga comida. Eso es básico mi hermanito."
"Numero doh... Que te recoja la casa. Yo se que tu lavas la ropa en tu casa pana y que ayudas en otras cosas. Pero si tu mujer no recoje... La cosa esta mala."
"Numero tre. Que te lo mame... No te rías cabrón que es la verda!"
Yo me estaba riendo y ni me imaginaba cual seria la tercera después de la cuarta...
"Y numero cuatro... Hijo e puta ajhme caso... Que te de el culo..." Exitado, Luis no se dio cuenta que la palabra había llegado a los oídos de las doñas y que estas estaban medias espantadas. Pero a mí; me pareció ver en los ojos de al menos una de ellas, cierta complicidad.
La cara de Luis se puso seria, como que esperaba una respuesta favorable de mi parte. Yo, lo primero que atiné en decirle fue "Vete pal carajo, cabrón" pero en la parte de atrás de mi mente mis instintos de ser políticamente correcto peleaban con el pensamiento... de que tal vez.. Luis tenia razón.
Entonces, me dijo:
"En serio,pana. Y déjame decirte una cosa brother... Todas las puertorras maman...", frunció los hombros mientras continuaba, "no a toas les gusta, tu sabe..."
"Pero", siguió Luis, "Hay dos clases de puertorras... Las que te lo dan y las que no te lo dan... (el culo)" Se tapó la boca cuando dijo la palabra culo, pero estoy seguro de que las doñas que estaban a nuestro lado esperando sus medicinas sabían muy bien de lo que estábamos hablando.
Parece que vio mi cara boquiabierta llena de sorpresa y siguió con su speech semi preparado; "Oye, ¿porque tu cre que hay chamaco que dejan una rubia mamostra por una gorda cholastra?..."
Dejó la pregunta languidecer en el aire por un momento. Y confieso que nunca había oído la palabra cholastra antes y la evocación de aquellas silabas en mi mente (...cho...las...tra...) fueron suficientes para casi hacerme perder el hilo de nuestra conversación. De momento envidié a mi amigo por haberse inventado (o apropiado de algún teco seguramente) aquella palabra que me pareció tan hipnotizante.
Llamaron a Luis para darle sus medicinas y yo me quede embelezao en la palabra nueva que me había ensenado mi amigo y ni pensé en la pregunta que me había hecho.
(...cho...las...tra...)
Ahem, sigo con el cuento porque Luis volvió a seguir su speech después de que pagó sus medicinas...
"Pueh porque la cholastra, cocina, limpia, mama y se lo deja comer (el culo)" De nuevo Luis se tapaba la boca con una mano, pero ya toda la gente en la salita de espera del Walgreens sabía... "Papi, esas rubitas jaiclah, nunca se dejan comer el culo, pai... Y si te lo maman lo hacen con la narí retorcia y así no da gusto brother!"
Seguimos hablando un rato mas pero en verdad demasiada sabiduría machista había compartido Luis conmigo por un día. Así que al rato, cuando cuando me llamaron y pagué mis medicinas, le dije adiós rápido y seguimos cada uno para donde íbamos.
Hago el cuento porque en estos días me puse a reflexionar y me acorde de lo que me dijo Luis. Y me acordé también que mi amigo Luis hacia tiempo que convivia felizmente con una extranjera...